Cuando lo que más te molesta afuera puede convertirse en una puerta para comprender tu propio interior.
La proyección: aquello que criticas de otros puede revelar algo de ti
El espejo que nunca imaginaste
Existe una escena que ocurre todos los días y pasa completamente desapercibida. Caminamos por la vida observando a otras personas, emitiendo opiniones sobre ellas y creyendo que esas opiniones hablan únicamente de quienes tenemos enfrente. Decimos que alguien es arrogante, egoísta, manipulador, inmaduro, débil o demasiado orgulloso, convencidos de que simplemente estamos describiendo la realidad. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar que tal vez nuestros juicios también están describiendo algo de nosotros.
La mente humana posee una capacidad extraordinaria para mirar hacia afuera y una enorme dificultad para mirar hacia adentro. Resulta mucho más sencillo detectar los errores ajenos que descubrir nuestras propias contradicciones. No porque seamos malas personas, sino porque el ego siempre intentará proteger la imagen que hemos construido de nosotros mismos.
Aquí aparece uno de los mecanismos psicológicos más fascinantes y, al mismo tiempo, más incómodos: la proyección. Consiste en colocar sobre los demás aspectos de nuestra propia personalidad que todavía no hemos reconocido, aceptado o integrado. Es como si la vida utilizara a otras personas para sostener un espejo frente a nosotros. El problema es que casi siempre creemos que estamos viendo únicamente el reflejo del otro.
Por esa razón, las personas que más nos incomodan rara vez llegan por casualidad. Muchas veces llegan para mostrar una parte de nosotros que todavía permanece oculta.