Ejercicio profundo: El espejo de mis juicios
Durante los próximos días presta atención a las personas que generan una reacción emocional intensa en ti. No importa si esa reacción es admiración, rechazo, enojo o fascinación. Lo importante no es la persona, sino la intensidad de lo que despierta dentro de ti.
Elige una de esas personas y escribe su nombre en una hoja. Después, sin analizar demasiado, describe tres características que más llamen tu atención. Hazlo con total honestidad. No intentes sonar políticamente correcto. Escribe aquello que realmente piensas.
Ahora relee cada una de esas características y pregúntate con calma: ¿Dónde existe algo parecido dentro de mí? No busques una respuesta rápida. Algunas aparecerán inmediatamente y otras necesitarán tiempo. Tal vez descubrirás que aquello que tanto criticas es una conducta que tú también manifiestas en circunstancias diferentes. Quizá descubrirás que aquello que tanto admiras representa una capacidad que has mantenido dormida por miedo o inseguridad.
Finalmente escribe una reflexión respondiendo a esta pregunta:
Si esta persona hubiera llegado únicamente para mostrarme algo sobre mí mismo… ¿qué estaría intentando enseñarme?
No importa si la respuesta es agradable o incómoda. Lo importante es comenzar a utilizar cada encuentro como una oportunidad para conocerte con mayor profundidad.