No solo proyectamos lo que rechazamos, también proyectamos lo que admiramos
Cuando escuchamos hablar de la sombra solemos pensar únicamente en nuestros defectos. Sin embargo, Carl Gustav Jung señalaba que también podemos proyectar nuestras cualidades más luminosas. Admiramos profundamente a ciertas personas porque vemos en ellas capacidades que creemos no poseer, cuando en realidad quizá solo permanecen dormidas dentro de nosotros.
Por eso algunas personas nos inspiran de una manera difícil de explicar. No es únicamente porque sean extraordinarias. Es porque representan posibilidades que nuestra propia vida todavía no se ha permitido desarrollar.
Tal vez admiras a quien habla con libertad porque una parte de ti desea expresar su verdad. Tal vez te conmueve quien vive con valentía porque tú mismo has sentido el impulso de cambiar muchas veces, pero el miedo ha sido más fuerte. Tal vez idealizas a personas auténticas porque llevas años intentando recordar cómo era vivir sin máscaras.
La admiración también puede ser un espejo. La diferencia es que, en lugar de mostrar aquello que rechazamos, nos muestra aquello que todavía no hemos descubierto en nosotros.
