Cuando el juicio desaparece, comienza la comprensión
Uno de los cambios más profundos que ocurren durante el trabajo interior es que poco a poco disminuye la necesidad de juzgar. No porque dejemos de distinguir lo saludable de lo dañino, sino porque empezamos a comprender que cada ser humano actúa desde el nivel de conciencia que ha podido desarrollar.
Eso no significa permitir abusos ni renunciar a nuestros límites. Significa dejar de invertir tanta energía intentando condenar la vida de otros y comenzar a utilizar esa misma energía para comprender la nuestra.
Cada juicio intenso puede convertirse en una pregunta.
Cada molestia puede transformarse en una oportunidad.
Cada persona que aparece en nuestro camino puede enseñarnos algo sobre nosotros mismos.
Con el tiempo dejamos de preguntar únicamente: «¿Qué tiene de malo esa persona?»
Y comenzamos a preguntar:
«¿Qué está intentando mostrarme la vida a través de ella?»
Ese cambio de perspectiva transforma completamente el proceso de crecimiento personal. Dejamos de vivir rodeados de enemigos y empezamos a caminar entre maestros inesperados.
