¿Quién eres cuando nadie te está mirando?
Un ejercicio que puede cambiar la forma en que te ves a ti mismo
No quiero proponerte un ejercicio para que cambies. Al menos no todavía.
Vivimos en una época en la que todo parece orientado a mejorar: ser más productivo, más disciplinado, más fuerte, más exitoso, más seguro. Constantemente buscamos técnicas para convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos, pero pocas veces nos detenemos a conocer la versión que ya existe.
No puedes transformar aquello que todavía no conoces.
Por eso, durante los próximos siete días, quiero invitarte a hacer algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más desafiante: obsérvate.
No intentes corregirte. No busques controlar tus emociones. No hagas ningún esfuerzo por parecer una mejor persona. Limítate a mirar con honestidad.
Cada vez que digas «sí», pregúntate si realmente querías decirlo o si lo hiciste para evitar decepcionar a alguien.
Cada vez que calles una opinión importante, pregúntate qué estabas intentando proteger.
Cuando sientas la necesidad de justificarte, de demostrar que tienes la razón o de defender una imagen de ti mismo, detente unos segundos y observa qué emoción apareció antes de esa reacción.
Si alguien te hace una crítica y notas que algo dentro de ti se altera, no te apresures a responder. Antes pregúntate por qué esas palabras tuvieron tanto poder sobre ti.
Y si en algún momento experimentas tristeza, enojo, miedo o vergüenza, evita hacer lo que solemos hacer casi todos: distraerte inmediatamente. Permanece unos minutos con esa emoción. Escúchala. Pregúntale qué intenta decirte.
Quizá descubras que muchas emociones no buscan hacerte sufrir. Solo llevan demasiado tiempo esperando ser escuchadas.