La máscara que aprendiste a usar para ser amado

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Y precisamente porque funciona, dejamos de cuestionarla.

Si cada vez que eres fuerte recibes admiración, seguirás esforzándote por parecer fuerte. Si descubres que complaciendo a los demás evitas conflictos, aprenderás a convertir la complacencia en una forma de relacionarte. Si mostrar seguridad hace que te respeten, comenzarás a ocultar cualquier señal de duda. Sin darte cuenta, aquello que nació como una estrategia temporal empieza a convertirse en tu identidad.

Lo más inquietante es que casi nunca percibimos ese cambio. Creemos que así somos. Decimos con absoluta convicción: «Yo siempre he sido muy fuerte», «Yo soy una persona que puede con todo», «Así es mi carácter» o «Siempre me ha gustado ayudar a los demás». Y es posible que haya algo de verdad en esas frases. Pero la pregunta importante no es si eso forma parte de tu personalidad. La verdadera pregunta es otra.

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